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Si Marilyn hubiera tenido cuenta en Facebook
In Auténticos on 23/05/2010 at 10:32 PMPena de mi corazón ♫♪♫
In Auténticos on 18/05/2010 at 12:15 AM
_¿Aún no ha sonado el timbre?
_Quedan cinco minutos antes de Mates. Mira, por ahí viene Laura.
_Chicas, ¡¡ha muerto Lola Flores!!
_¡Qué dices! ¡Que no, tía! ¿¿Pero cómo se va a morir Lola Flores??
Era un día de mayo de 1995. La gran Lola tenía setenta y dos años. Catorce días después Antonio, no pudiendo soportar la ausencia de la madre cómplice y protectora, se quitaría la vida con tan solo treinta y tres dejando al país conmocionado y a su familia sumida en la desolación.
Liam Gallagher, jaleado por sus fans, mentaba borracho a la madre de Damon Albarn los días que no se peleaba con su hermano; los Cranberries hacían sonar la cansina Zombie en todas las emisoras de radio; el cursilón These days de Bon Jovi daba vueltas y vueltas en mi walkman de adolescente y los que molaban del instituto escuchaban a Alanis mientras los rarunos enloquecían con Björk y los heavies cantaban a gritos las canciones de Blind guardian.
Nadie más nuestro que la genuina y castiza Lola. Nadie más admirado aunque a esa edad nos negáramos a reconocer que la contemplábamos pasmados cuando cantaba en la tele, que cantábamos sus canciones mientras hacíamos la cama por las mañanas y que escucharla nos ponía la carne de gallina y hacía asomar lágrimas de emoción a nuestros ojos, porque decir que te gustaba la copla a esa edad no solo no molaba sino que podía convertir tu vida en el instituto en un infierno si llegaba a saberse.
Hizo lo que le dio la gana, como le dio la gana y cuando le dio la gana. Fue la mujer pasional, tan excesiva ella; la más castiza de una España que, como siempre, en su afán por ser lo que no era solía negar lo que era; la más auténtica entre las auténticas. Su presencia nunca había dejado de despertar pasiones. Hasta una muñeca le hicieron, tan morena y ostentosa como ella y tan increíblemente kitsch que podría matar por tener una.

No era la que mejor cantaba. No era la que mejor bailaba. Pero el duende de la raza jamás corrió con más brío por las venas de una mujer y contemplarla era sentir con viveza el torbellino del arte en sus pies ligeros, en sus ojos negros y en el timbre de su voz, porque era y será siempre mi Lola, tu Lola, nuestra Lola.



